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5 trucos para proteger tus plantas del mal clima

En el artículo de hoy te voy a contar 5 trucos para proteger tus plantas del mal clima. Podemos hacer cosas simples, de sentido común que pueden marcar la diferencia, pero que mucha gente no hace por desconocimiento seguramente.

Hoy vamos a ver qué podemos hacer, porque seguro que te ha pasado que si tienes plantas y las cuidas, las riegas, todo parece ir bien y de repente, una semana de calor, una helada o cuatro días de lluvias nuestras plantas no suelen resistir tanto cambio o mal clima y se vienen abajo.

1. Ten paciencia, no abones de más

Vamos a empezar con una verdad incómoda: muchas plantas no mueren solo por el clima, mueren por exceso de cariño mal entendido. Queremos que crezcan rápido, que se pongan enormes y que en dos semanas el huerto o jardín parezca una jungla.

Con usar demasiados productos o algunos en concreto conseguiremos mucho crecimiento, pero al forzar el crecimiento obtendremos tejidos blandos, tallos flojos y cero capacidad de reacción cuando el clima se pone mal.

Mientras hay temperatura perfecta, riego controlado y días tranquilos no pasa nada. El problema llega cuando aparece una semana de calor brutal, una helada fuera de fecha o un cambio raro de tiempo. Ahí las plantas dopadas no suelen responder y empiezan los dramas.

Además, hay un detalle del que a veces no somos conscientes porque como están bajo tierra no las vemos y son las raíces. Cuando dopamos mucho la parte aérea, la raíz no se desarrolla adecuadamente. Desde fuera ves una planta espectacular, pero debajo del suelo la cosa va justa y cuando el clima aprieta la raíz no aguanta bien.

Una planta cultivada con calma, abonos ecológicos o tratamientos caseros suele ser más compacta, menos vistosa al principio, pero mucho más estable y aguantará mejor cuando viene mal tiempo, ya sea frío o calor.

Así que si quieres proteger tus plantas y que resistan el mal clima, el primer consejo es que no tengas prisas, que no abuses de los abonos. Las plantas necesitan su tiempo para estar fuertes y así su sabor o el de sus frutos será inigualable.

2. Cuidar el suelo

El segundo error típico es pensar que el suelo solo está ahí para sujetar la planta, como si fuera una maceta gigante. Echamos tierra, plantamos y nos olvidamos. Pero luego nos sorprende que la planta no aguante ni dos días de calor fuerte o una semana complicada de clima.

El suelo es el motor de la planta. Y cuando ese motor está estropeado, da igual lo bonita que sea la parte de arriba. La raíz empieza mal y no puede desarrollarse correctamente en suelos duros, apelmazados, que se encharcan o se secan como cemento.

Muchas veces vemos hojas mustias y pensamos que falta agua, regamos más y empeoramos el problema. Porque el agua no entra bien, la raíz no respira y no puede crecer. Luego llega el calor o el frío, la raíz no puede reaccionar y la planta colapsa.

Un suelo mal trabajado no perdona. Puede parecer que todo va bien durante semanas, pero en cuanto llega una situación de estrés climático, va un mundo de la planta que creció con mejor suelo y la que no lo hizo ya que no estará fuerte.

Antes de obsesionarte con lo que echas al suelo, para proteger tus plantas hay que observar cómo está. Si drena, si se compacta, si huele a vida o es barro muerto. Un suelo con buena estructura amortigua el clima, uno malo hace que cualquier problema sea insalvable.

3. Adaptar el riego para proteger tus plantas

Es algo que casi todos hacemos, regamos por costumbre. Mismo horario, misma cantidad, mismos días… pase lo que pase. Llueva, haga calor o venga una semana rara, el riego sigue igual, y esto es un error muy importante y con graves consecuencias.

Hay que adaptar el riego a la climatología, la planta no se estresa solo por falta de agua. También se estresa cuando su raíz no puede respirar. Y eso pasa cuando el suelo está siempre mojado, pesado y sin oxígeno. Desde fuera ves tierra húmeda y piensas que todo va bien.

Regar en automático con un programador y olvidarte es cómodo, pero no es lo más recomendable si quieres proteger tus plantas. Porque el clima cambia y la planta cambia con él. Hay días que necesita más agua, sí, pero hay otros que necesita menos y mejor gestionada.

Una planta bien regada no es la que siempre está mojada. Es la que tiene raíces activas, suelo aireado y margen para reaccionar cuando el clima se pone feo. Y eso no se consigue con más agua, se consigue con mejor criterio.

4. Usar calcio asimilable

Cuando el clima se vuelve inestable con calor fuerte o cambios bruscos, la planta empieza a fallar justo por dentro. Seguramente no es que le falten nutrientes en el suelo, es que no los puede usar. Y uno de los primeros nutrientes que suele ser es el calcio.

Te encuentras con frutos con problemas, tejidos débiles, puntas negras, hojas raras… y piensas que es el clima, pero en realidad es el calcio que está bloqueado. Sales, sodio, mezclas en el riego… y el calcio se queda ahí mirando, sin entrar en la planta cuando más falta hace.

Aquí es donde yo, en momentos delicados del cultivo, no me la juego. Uso un calcio que sé que va a estar disponible de verdad. TECMA DESAL Ca además de patrocinar este artículo, ya lo he usado y te lo recomiendo porque es un calcio quelado, estable, que no reacciona con las sales del riego y que la planta puede absorber tanto por raíz como por hoja.

No lo uso para que la planta crezca más ni para que se ponga más verde. Lo uso para que refuerce su estructura. Así los tejidos son más firmes, los frutos aguantan mejor y la planta estará fuerte y resistirá bien cuando el clima se ponga realmente feo.

Además, en suelos o aguas con sodio, este tipo de calcio ayuda a mejorar el entorno de la raíz, que es justo donde empieza el problema cuando hay estrés climático.

Y esto es importante: no se trata de echar más por echar. Se trata de usar una forma de calcio que funcione cuando la planta está estresada. Cuando la planta asimila bien el calcio, se nota, no en dos días, sino cuando llega el golpe de calor o la semana de mal clima.

5. Ser observador

Las plantas casi nunca se mueren de repente, ellas tienen su propio lenguaje, son detalles pequeños que casi siempre pasan desapercibidos si no somos buenos observadores. Como por ejemplo una hoja que pierde firmeza y ya no está igual que la semana anterior.

Un fruto que cuaja, pero se queda raro, como a medio hacer. Plantas que al mediodía se vienen abajo más de lo normal y por la tarde se recuperan, así que uno piensa que no es para tanto.

Y el error es no hacer caso, la planta está avisando de que algo ya no está funcionando del todo bien. Mientras se recupere sola, parece que aguanta, pero en realidad está gastando reservas para sobrevivir y en un momento crítico terminarán muriendo.

Si en ese punto no se hace nada y se sigue igual, la planta va acumulando estrés. Y cuando llega un golpe de calor, un cambio brusco de tiempo o una semana complicada de verdad es cuando el problema deja de ser pequeño y pasa a ser serio. Es crucial reaccionar a tiempo.

En resumen, que tus plantas aguanten el mal clima no es cuestión de suerte ni de comprar miles de productos, esta claro que un producto adecuado en el momento idóneo marca la diferencia, pero lo suyo es dar con el que toca y que sea de calidad.

Al final proteger tus plantas no es solo observarlas a ellas, es entender que el suelo es un ser vivo que alimenta a tus plantas, que lo cuides como tal y que observes los pequeños detalles antes de que se conviertan en problemas serios es la verdadera clave.

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